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Guantánamo: ¿el fin de la barbarie?

Posted by mnk en 10 febrero, 2009

La prisión de Guantánamo está a punto de cerrar sus puertas dejando atrás ocho negros años de historia. Ocho años que empiezan con los atentados del 11 de septiembre y que terminan -o empiezan a terminar- con las promesas de Obama.

Quedan, no obstante, varios interrogantes abiertos. ¿Sabremos todo lo que ha pasado allí dentro? ¿Alguien asumirá responsabilidades? ¿Los otros centros de detención que Estados Unidos tiene en el extranjero, seguirán la misma suerte que Guantánamo? ¿Se recompensará a las víctimas?

Vamos a ver hasta dónde llega Obama.

De momento, y para no olvidar, este artículo publicado en la Comunidad Hemeroteca de La Vanguardia.es sobre una de las peores cárceles de la historia.

Estados Unidos tiene, desde principios del siglo XX, una base naval en Cuba. La consiguieron en 1903, gracias a un acuerdo entre los dos países. “El gobierno de cuba se halla dispuesto a conceder dos estaciones en Bahía Honda y Guantánamo que tendrían guarniciones de infantería de marina y serían virtualmente territorios de los Estados Unidos”, informaba La Vanguardia de la época bajo el título ‘Peticiones Yanquis’. Cuba, no obstante, rechaza ahora el acuerdo argumentando que se trata de un pacto “soberbio y abusivo” que, en su momento, se firmó bajo presión.

Y es en esta base naval es donde Estados Unidos ubicó la polémica prisión de alta seguridad.

La historia de Guantánamo a través de las crónicas de La Vanguardia

Todo empezó el 11 de septiembre del 2001. Los atentados contra las Torres Gemelas desencadenaron un conjunto de acciones ahora puestas en el punto de mira. Era el inicio de la llamada “guerra antiterrorista”. El día 12, en la portada de La Vanguardia se escribía ‘Guerra a Estados Unidos’. El día 13, ‘Bush prepara la guerra con el apoyo de la OTAN’. Y el 14: ‘Bush ya acorrala Afganistán‘.

En tiempos de guerra, cambian las normas del juego. El presidente Bush consiguió autorización para emplear la fuerza contra todos aquellos (o países o individuos) que pudieran estar relacionados con los atentados; autorizó instalar prisiones fuera de Estados Unidos, y autorizó, también, poder detener a ciudadanos no estadounidenses de manera indefinida y sin cargos. Era el inicio de Guantánamo como cárcel.

Los primeros prisioneros llegaron a la nueva prisión de alta seguridad el viernes 11 de enero del 2002. Eran 20 personas y ya en ese primer momento Amnistía Internacional denunció malos tratos: “Viajaron desde Afganistán sedados con valium y atados a los asientos, de los que no podían levantarse ni para ir al lavabo”. Pero el Pentágono respondió con el mismo argumento con el que iban a responder siempre a partir de entonces: “Son tan peligrosos que no se puede correr ningún riesgo”.

A partir de entonces, a Guantánamo fueron llegando más y más prisioneros. La mayoría fueron capturados en Afganistán, acusados de terrorismo y encerrados sin juicio ni derecho a abogado. El argumento: son talibanes o de Al Qaeda, no prisioneros de guerra; por lo tanto, no hace falta aplicarles la Convención de Ginebra.

Las denuncias de organizaciones en defensa de los derechos humanos no han cesado desde la inauguración de la cárcel. Y, a pesar del secretismo que ha rodeado siempre Guantánamo, en varias ocasiones han salido a la luz informaciones que han dado la razón a estas organizaciones. Tentativas de suicidios, declaraciones de altos cargos que decían que aún sabiendo que algunos prisioneros eran inocentes de lo que se les acusaba no iban a liberarlos, suicidios consumados, …

Después de que en junio del 2006 tres prisioneros se ahorcaran con las sábanas de sus camas, la prisión de Guantánamo fue cuestionada de nuevo y el Tribunal Supremo tomó cartas en el asunto: dictaminó la ilegalidad de los juicios militares secretos y la validez de la Convención de Ginebra. “El Congreso deberá implicarse ahora para hallar una salida legal”, apuntaba La Vanguardia del 30 de junio. Pero Bush insistía: “No voy a poner en peligro la seguridad del pueblo norteamericano”.

Cada vez que el anterior Gobierno de Estados Unidos se planteaba rectificar en su “estrategia antiterrorista”, la posibilidad de que el centro de reclusión de Guantánamo cerrara se desestimaba argumentando dificultades legales: ¿cómo se juzgaría a los prisioneros y quién los custodiaría luego?

A pesar de que en alguna ocasión George Bush llegó a declarar que “quería vaciar Guantánamo”, todo quedó en palabras hasta que empezó la campaña electoral. En su carrera a la Casa Blanca, tanto John McCain como Barack Obama prometieron cerrar Guantánamo si llegaban al poder. Y fue Obama quien pudo cumplir su promesa.

El mismo día que juraba el cargo, el día 20 de enero, el nuevo presidente recordó al mundo que cumpliría su promesa. El día siguiente ordenó el cese temporal de la cárcel de Guantánamo. Y el día 22 decretó el cierre de la prisión en el plazo de un año y ordenó revisar los juicios. El titular “Obama erradica la tortura” lo resumía todo.

Ahora, mientras se estudia cómo proceder, van saliendo a la luz más datos sobre lo que ha ocurrido es ese centro de detención todos estos años. Y mientras el Gobierno de Obama negocia dónde ubicar los presos de Guantánamo que se considere que deban seguir encarcelados, los que quedaron libres al demostrarse su inocencia relatan al mundo sus escalofriantes testimonios.

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