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Nowhere

Posted by mnk en 5 diciembre, 2008

descubriendomexic En la foto, un campo de refugiados guatemaltecos en México, ahora convertido en barrio. Ubicado en las afueras de la ciudad, el barrio vive ajeno a la realidad mexicana y sumiso a un agradecimiento eterno. Los guatemaltecos agradecen a México la hospitalidad. Pero el barrio deja mucho a desear.

¿Cómo llegaron allí los guatemaltecos? Por la marea de la historia.
Rescato parte de un artículo publicado hace años en enredando.com

La marea de la historia

El escritor Ricardo Falla, en el libro ‘Masacres de la selva’, explica la historia reciente de Guatemala a partir de ‘olas’ y ‘contraolas’ de grandes fuerzas en pugna.

La primera, es una ola popular: la revolución del ’44. Se organizan los sindicatos, los pueblos indígenas van a las urnas, las tierras se reparten. La contraola: el fuego de la represión. Se tocan los intereses de terratenientes -locales, nacionales y extranjeros,

especialmente de la empresa norteamericana United Fruit Company- y hace falta dejar las cosas claras. Los cadáveres se entierran con los tractores de los finqueros.

Segunda ola: 1954-1966. El triunfo de la revolución cubana hace creer que todo es posible. Pero son los años de Vietnam, cuando las técnicas de contrainsurgencia de EEUU se están poniendo a prueba. Guatemala fue -dice Galeano- el primer laboratorio latinoamericano para la aplicación de la ‘guerra sucia’ a gran escala; hombres entrenados, orientados y armados por los Estados Unidos llevan adelante el plan de exterminio. Luego las tierras son regaladas a la United Fruit y se aprueba un nuevo Código del Petróleo traducido del inglés. Las débiles fuerzas guerrilleras pronto se ahogan, a pesar de que el movimiento cooperativista y la organización indígena no dejan de humear.

La tercera ola: 1972, la victoria sandinista en Nicaragua vuelve a traer de nuevo el optimismo, pero la represión responde con sangre y masacres, y con una política cuyo nombre lo dice todo: ‘Política de Tierra Arrasada’. La expresión popular esconde el rostro, se camuflan los movimientos sociales y muere el repartimiento de las tierras.

Guatemala navega, ahora, en la cima de la cuarta ola. Se han cambiado los barcos de guerra por embarcaciones políticas; pero muchos de los capitanes son los mismos y la ley de punto y final que sirvió para “acabar” el conflicto sigue sin ponerse suficientemente en duda. El olvido condena a las víctimas y perdona a los verdugos.

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