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Cuando un niño tiene memorias de soldado

Posted by mnk en 3 marzo, 2008

Ishmael Beah cuenta que, cuando era pequeño, su padre solía decirle que si estás vivo, existe la esperanza de un día mejor y de que pase algo bueno. Estas palabras se convirtieron en el vehículo que le empujó hacia adelante y le mantuvo con vida. No obstante, pasaron años antes que no llegó ese nuevo día bueno.

“Mis amigos del instituto han empezado a sospechar que no les he contado toda la historia de mi vida.
-¿Por qué te marchaste de Sierra Leona?
-Porque está en guerra
-¿Viste algún combate?
-Todo el mundo los vio
-¿Quiere decir que viste a gente armada corriendo y pegándose tiros unos a otros?
-Sí, todo el rato
-Qué pasada
Sonrío un poquito.
-Algún día tienes que contárnoslo
-Sí, algún día”

Ishmael Beah cuenta sus memorias de niño soldado en Un largo camino, un libro que, como cuenta su cubierta que escribió el Washington Post, “todos deberíamos leer; no sólo por por deber moral, sino porque está escrito con lucidez. Hay que leerlo para aprender lo que significa ser humano”.

Ishmael – que nació en Sierra Leona el 1980 – cuenta cómo “apareció” de repente la guerra en su vida y lo perdió todo. Desde su família hasta su infancia. Y tuvo que huir. Siendo un niño, el riesgo de no huir era mayor que el de no hacerlo. A los niños los reclutaban – o el ejército o los rebeldes- inmediatamente. Y aunque no les reclutaran, estaban igualmente condenados. Las guerras, hoy en día, se hacen con niños y en un país en guerra, un niño se convierte en un posible niño soldado y hay que matarlo o escapar de él.

Ishmael escapaba del fuego y caía en las brasas una vez tras otra, sin descanso. Mientras huía de ser reclutado, muchas veces lo rodearon hombres fornidos con machetes y dispuestos a matarle, sin darse cuenta de que no era más que un niño huyendo de la guerra. Cuenta Ishmael que a veces miraba las hojas de los machetes y pensaba cuánto debía doler que te cortaran con aquello. Y que otras veces tenía tanta hambre y estaba tan cansado que le daba igual. En los pueblos llenos de gente donde se paraba a pasar la noche, los hombres se quedaban despiertos para vigilarle. Cuando iba al río a lavarse la cara, las madres cogían a sus hijos y volvían corriendo a casa.

Y cuando finalmente le reclutaron, se convirtió en niño soldado y empezó a matar. Así es como se hacen las guerras actualmente: con niños.

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