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Dos libros y una entrevista

Posted by mnk en 7 febrero, 2008

“Somos más ignorantes respecto a la sordera de lo ignorantes que eran las personas cultas de 1786”; dice Oliver Sacks en ‘Veo una voz’. 

Sacks pasó más de ocho años recabando información, entrevistando sordos, a sus familiares e instituciones de enseñanza. El resultado: un libro que, lo dicen varias críticas literarias, te acerca a personas capaces de “hacer ver su voz” en un mundo que aparentemente escucha.

Conocer a Pepita Cedillo, la autora de otro libro: ‘Háblame a los ojos’, me ha confirmado la tesis de Sacks: los que oyen no siempre escuchan y se puede escuchar sin oír.   

(A continuación, la entrevista publicada en La Vanguardia.es el 6 de febrero del 2008)

Pepita Cedillo, autora del libro ‘Háblame a los ojos’, escribió, el pasado mes de diciembre, un mail a la redacción de La Vanguardia. Nos pedía que reflexionáramos sobre cómo estábamos utilizando el término ‘sordomudos’ en algunos de nuestros artículos: “La palabra ‘sordomudo’, tiene, actualmente para muchos sordos, un sentido peyorativo: el que no habla se parece, históricamente, más a los animales que a las personas. Y los sordos hablamos, con voz y/o en lengua de signos”

La reflexión nos pareció interesante y le pedimos que la hiciera extensiva también a nuestros lectores. Con el post ‘Soy sorda, no sordomuda’, publicado en nuestro blog Página Abierta, Pepita nos citó a algunos autores clásicos que ya habían hablado de los sordos e hizo pública su petición hacia los periodistas: “Me gustaría que este término no se aplicara y que se utilizara la palabra ‘sordo’, de la que tan orgullosos nos sentimos los que lo somos”.

Para hablar de eso, del orgullo de ser sordo y de la necesidad social de acercarnos a esa realidad para mejorar la vida de las personas que no oyen, decidimos entrevistar en profundidad a Pepita. Ella es nuestra lectora destacada, este mes, y con ella hemos aprendido algunas frases en lengua de signos.

– Borramos ‘sordomudos’. ¿Hay más términos o expresiones que estemos utilizando sin pensar realmente en lo que significan?
– ‘Diálogo de sordos’, por ejemplo. ¿Qué significa, que los sordos no somos capaces de entendernos cuando hablamos entre nosotros? ¡Claro que nos entendemos! Hay que distinguir la capacidad de oír de la capacidad de escuchar. Ésta y otras expresiones similares las tenemos muy interiorizadas, hasta los propios sordos las decimos a veces. Por eso pido a los medios de comunicación que contribuyan a reflexionar sobre estas expresiones desajustadas y también acercar la sociedad a la realidad de los sordos. Me gustaría que hubiera un mayor acercamiento conceptual y afectivo…

– Por eso escribió ‘Háblame a los ojos’. Leyendo su libro se entiende un poco más la vivencia de ser sordo…
– Trabajo en una escuela con niños sordos. Hablando con otros maestros y con padres de alumnos salió la idea del libro. Yo les contaba vivencias, sentimientos… y ellos me animaron a poner mi experiencia por escrito. El libro es muy personal, narra cómo vive la persona sorda que soy yo, qué siente… eso es algo que no se enseña ni en la escuela ni en la universidad y pienso que puede ser una herramienta muy útil para las familias que tienen hijos sordos, para los profesionales, para los maestros, las logopedas… Espero que les ayude a comprender mejor la complejidad de ser sordo.

– ¿Cuáles son las principales barreras con las que tiene que luchar una persona que no oye?
– Barreras de comunicación. Ir a un hospital y no poderte entender bien con el personal sanitario porque nadie habla en Lengua de Signos; ir a un abogado, querer hacer cualquier gestión administrativa y no entenderte con los funcionarios… Cada vez más el servicio de intérpretes interviene en estas situaciones. Por ejemplo, esta entrevista no se hubiera podido realizar sin la intervención de la intérprete que nos acompaña.

– Cierto. ¿Y no hay leyes para asegurar que las personas sordas sean bien atendidas?
– llevamos mucho tiempo luchando para que haya estas leyes. Hay una ley estatal que reconoce la Lengua de Signos. Y el nuevo Estatuto catalán, en el artículo 50.6, dice que los poderes públicos tienen que garantizar el uso de esta lengua y condiciones que permitan la igualdad de condiciones de las personas que la usan… Una cosa es lo que dice la ley y otra es la aplicación de la misma, porque plantea dificultades de tipo económico o por resistencias en diferentes ámbitos. Piensa que, históricamente, la lengua de signos estuvo prohibida durante mucho tiempo…

– ¿Y entre profesionales la discusión sigue abierta, verdad? Algunos defienden que el niño sordo aprenda la lengua de signos, otros insisten en que tiene que aprender a utilizar la voz…
– Yo apuesto por el bilingüismo. Es decir, el uso de lengua, o lenguas, orales (catalán y/o castellano) y lengua de signos. Sin poder hablar, el niño sordo se puede sentir muy perdido en su entorno cotidiano. Y puede pasar mucho tiempo hasta que aprende a comunicarse con el lenguaje oral. Si se le da la posibilidad de comunicarse en lengua de signos, preguntará más, querrá conocer cosas… y estará más motivado para aprender la lengua hablada. Hemos perdido mucho tiempo con este debate de lengua de signos no, lengua de signos sí… y nos hemos olvidado que lo más importante es ofrecer al niño la posibilidad de entender el mundo que le rodea a través del lenguaje.

– Usted es maestra. Para los niños sordos: ¿escuela específica o integrados en una escuela con oyentes?
– Depende del contexto escolar. Si hay un grupo de 4 o 5 niños sordos por clase, en una escuela compartida con oyentes, me parece más acertado. Si el niño es el único sordo en la escuela es nefasto para él porque no podrá comunicarse bien y ni los profesores ni sus compañeros no entenderán lo que él siente. Hay padres que deciden llevar su hijo sordo a una escuela donde no se utiliza la lengua de signos porque quieren que sea como un oyente. Insisten en que su hijo hable exclusivamente con voz. Así se ve menos que es sordo… Puedo entenderlo, es comprensible, los padres quieren lo mejor para sus hijos. Pero el niño sordo lo pasa mal. Cuando te haces adulto sordo, como es mi caso ahora, lo puedo decir: cuando era pequeña no podía escoger ni lo podía manifestar.

– Y el mensaje que recibe es siempre “tienes que integrarte”…
– Sí. Luego hay personas sordas que no quieren utilizar la lengua hablada porque tuvieron una mala experiencia para acceder al lenguaje oral y por eso reivindican el uso único de la lengua de signos. Es un poco lo que ocurre con los nuevos avances tecnológicos; para mí es positivo que haya un implante o un audífono de tecnología avanzada… pero hay que ir con cuidado. Que la tecnología esté a nuestro servicio y no al revés. Hablar lengua de signos es cultura. No estaría bien perder todo eso porque un aparatito te permite oír un poco mejor (además, nunca será igual que como oye un oyente). De hecho, hay gente no sorda que estudia la lengua de signos, como quien estudia inglés. El saber no ocupa lugar, aunque ocupa tiempo.

– Quiero aprender la lengua de signos… ¿cómo lo hago?
– Si se trata de la Lengua de Signos Catalana lo mejor es contactar con la Federació de Persones Sordes de Catalunya; en su web encontrarás un listado de asociaciones y entidades que organizan cursos. Y para practicar esta bella lengua, puedes entrar en la Webvisual de la Federación. Tienes noticias, entretenimientos, información laboral… y puedes conocer a personas sordas.

– ¿Y unas primeras nociones, ahora?
¡Sí, claro, con mucho gusto!

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