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“En Ruanda la gente quiere trabajar pero no hay dónde”

Posted by mnk en 29 enero, 2008

Ruanda vive bajo el recuerdo de un pasado atroz y marcada por una violencia intermitente que mantiene a la población en vilo. El episodio más grave: el genocidio de 1994, en el que hubo entre 800.000 y un millón de muertos.

Inés Cuatrecasas y Marc Oliver me contaron, para La Vanguardia.es, su peculiar experiencia de crear una empresa de moda ética en un país con una realidad de pobreza, olvido y genocidio.

A continuación, le entrevista:

– Hacéis moda en Ruanda…
– ¡Sí! Todo empezó cuando trabajamos en unos proyectos de agua y alimentación de África Digna. Conocimos a Antoinette Mukakalisa, la presidenta de la asociación Tujijurane, y ella nos habló de un taller de mujeres que cosían. Estábamos acabando los estudios de diseño de moda y nos fascinó lo que hacían aquellas mujeres. Antoinette nos invitó a colaborar con ellas. Y así lo hicimos. El año siguiente volvimos y trabajamos juntos haciendo una colección de unas 300 piezas. ¡El nivel era muy alto! De esa increíble experiencia salió la idea de formar una empresa de moda ética.

– ¿Moda ética? Definidme este concepto…
– Tenemos unos principios muy claros basados en la calidad ética de nuestros trabajadores: ofrecemos buenos sueldos y condiciones favorables. Y los beneficios se invierten en proyectos sociales.

– ¿Cómo comercio justo?
– No. No nos gusta mucho este concepto. Creemos que no se ha hecho bien, que se ha basado demasiado en querer que la gente compre por pena, porque viene de países pobres… Nosotros lo que queremos vender con este proyecto, no es “qué pena África, compranos esto por favor”, sino todo lo contrario: “mira esto tan impresionante que hace África; cómpralo, que es de calidad”. En nuestro caso, que comercializamos con ropa, tenemos dos puntos clave a favor: una tradición milenaria de hacer ropa y un interés del gobierno actual de potenciar el comercio, la exportación y la creación de empresas.

– ¿Se está industrializando el país?
– Nosotros vivimos medio año allá y medio en Barcelona; y cada vez que volvemos a Ruanda alucinamos con todos los cambios. Se levantan edificios, ahora hay el proyecto este de “Ruanda 2020”… Supongo que han visto que sin producir, este país no va a ningún lado, que con agricultura no van a subsistir. Ver como aparecen edificios por todos lados te puede hacer perder la perspectiva y pensar “¡esto avanza!”, pero si rascas un poco ves la represión. No deja de ser una minoría que manda a una mayoría muy dañada y reprimida.

– ¿Se notan todavía los efectos de la guerra?
Sí, es un país con una realidad de genocidio. ¡Murieron más de un millón de personas! Ruanda, ahora, no tiene nada: pobreza, represión, el recuerdo de la muerte y mucha gente que quiere trabajar pero que no puede porque no hay dónde. Y siempre pasa lo mismo: se permitió que ocurriera y ahora se quiere redimir la culpa a base de ayudas. Las Naciones Unidas dejó que pasara y luego les construyó algún que otro edificio y una carretera… Ahora hay mucha ayuda internacional, en Ruanda…

– ¿Demasiadas ONG?
– El problema es crear dependencias. Saben que las ONG tienen dinero y quizás no siempre hay toda la exigencia y transparencia económica que haría falta. Y el gobierno piensa: “Si las ONG me construyen escuelas, porqué invertir en educación? ¡mejor invertir en ejército!”.

– ¿Y vuestro proyecto podría funcionar sin vosotros?
Queremos conseguir que sea autosuficiente y que no dependa de nuestra presencia. Por eso trabajamos en dos direcciones: por un lado la marca Mille Collines, con ropa de mucha calidad, creando una línea de moda, participando en pasarelas… que sería lo más nuestro, nuestro proyecto profesional como diseñadores, aunque siempre contratando – y con buenos sueldos- a gente del país. Y por otro lado, hemos hecho contactos para exportar complementos de ropa más en serie. Hay empresas interesadas en poner el “Hecho en Ruanda” en la etiqueta de sus productos. Es algo que vende. Y a nosotros nos va muy bien: damos trabajo a muchísima más gente y es algo que luego, si algún día nosotros nos marchamos, ellos pueden seguir haciendo.

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