“Aquí hi ha hagut un borrón de memoria; aquí se ha pasado, ole tus cojones, de una cosa a la otra y aquí no ha pasado ná (…) La transició va ser una donada pel cul a l’esquerra y esto está claro y definitivo. La transició és una mentida i mira lo que está pasando hoy en día”
Exactamente hoy se cumplen 70 años del fin de la Guerra Civil española. Era el 26 de enero de 1939 cuando las tropas de Franco ocupaban Barcelona y daban comienzo oficial a la dictadura. Aquel día, La Vanguardiano llegó a los quioscos. Sí lo hizo el día siguiente, gritando “¡Presente!” e ignorando los 782 ejemplares editados bajo el mandato de la Generalitat. (Por eso, si hoy La Vanguardia dice ser el ejemplar número 45.719; debemos, para hacer honor a la historia, sumarle 782 números más)
11/03/2008: Los campesinos sin tierra tratan -en vano- de oponer resistencia al desahucio. Ellos con arcos y flechas. La policia con gas lacrimógeno y perros entrenados. Fuente: REUTERS/Luiz Vasconcelos-A Critica/AE (Boston.com)
Chico Mendes, recolector de caucho, sindicalista y activista ambiental, dedicó su vida a la defensa de la selva amazónica. Murió por ello. El 22 de diciembre de 1988 fue asesinado, alguien le disparó a muy corta distancia, desde la oscuridad y en su propia casa. El crimen quedó impune durante dos años. Luego, en 1990 dos rancheros fueron considerados culpables del asesinato y condenados a 19 años de prisión. En 1993 se escaparon de la cárcel y no fueron capturados de nuevo hasta 1996.
Lo que sigue es un fragmento de un artículo que publiqué hace años y que hoy me apetecía recuperar. Se publicó (en catalán) en 2005 en el Diari de la Pau, una publicación semanal impulsada por periodistas en contra de las guerras del golfo, agrupados en la asociación Fora de Quadre.
Es el año 1987 en Guatemala. Los pulmones de Mario Lucas pasan factura tras demasiados años de tabaco y el líder guerrillero ingresa al hospital. Es la época del regreso; comunidades indígenas nuevamente organizadas retornan despacio a su país – que no a sus tierras- e intentan empezar de nuevo, dejando atrás 36 años de guerra y 15 años de exilio en México. El guerrillero ingresa al hospital y le operan. Los hijos y la mujer esperan hasta recibir la buena noticia: la operación ha sido un éxito. Alberto y Santiago entran a ver a su padre; tiene buen aspecto e incluso bromea. Entonces entra un médico, los parientes los dejan solos. Repentinamente, Lucas Lima muere. Jamás se vuelve a saber nada del médico; el hospital no lo reconoce y nadie lo busca. En Guatemala no se busca porque se encuentra demasiado y no conviene encontrar porque se debe callar. Punto y final.